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Historia
Del diario de
una joven monja polaca, una devoción especial a la
misericordia de Dios está difundiéndose por todo el
mundo.
El
mensaje no es nada nuevo, sólo es un recordatorio de lo
que la Iglesia siempre ha enseñado:
"que Dios es misericordioso y
que él perdona y que nosotros también debemos ser
misericordiosos y perdonar".
Pero en
la devoción a La Divina Misericordia este mensaje asume
un nuevo, poderoso enfoque, ya que nos llama a una
comprensión más profunda de que el amor de Dios no tiene
límites y que está disponible a todos, especialmente al
pecador más grande:
"Cuánto más grande es
el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a
mi misericordia" (II,151).
Entre
los elementos de este nuevo enfoque figuran una imagen
sagrada del Salvador misericordioso, varias oraciones
nuevas y una abundancia de promesas. Pero los elementos
principales son la confianza y las obras de
misericordia.
La
historia del origen y de la difusión del mensaje de La
Divina Misericordia y de su devoción por todo el mundo,
resulta en una interesante lectura. Comprende
apariciones y revelaciones extraordinarias, respuestas
milagrosas a oraciones, un escape dramático de una
Polonia devastada por la guerra, una prohibición
temporal del culto por la Iglesia y el fuerte apoyo del
Papa Juan Pablo II, que muy probablemente será llamado
por los historiadores "el Papa de la
Misericordia".
Los
escritos de Santa Faustina Kowalska, una
monja polaca sin instrucción, perteneciente a la
Congregación de las Hermanas de la Madre
de Dios de la Misericordia, en Polonia,
constituyen la fuente del mensaje y de la devoción
presentados en divinamisecordia.org.
Alrededor de 1930, al obedecer a su
director espiritual, el Padre Michal Sopocko, Sor
Faustina escribió un diario de unas 600 páginas y así
documentó las revelaciones que ella recibía sobre la
misericordia de Dios.
Aún
antes de su muerte en el año 1938, la devoción a La
Divina Misericordia, según está revelada en este Diario,
se había comenzado a difundir. Durante los trágicos años
de la II Guerra Mundial (1939-1945), la práctica de esta
devoción aumentó en fuerza debido a que la gente por
toda Polonia y Lituania se dirigió al Salvador
misericordioso para recibir consolación y
esperanza.
La Congregación de los
Marianos
En
1941, el Padre Jósef Jarzebowski, miembro de la
Congregación de los Marianos de la Inmaculada
Concepción, llevó la devoción a los Estados Unidos desde
Polonia. Al principio, el mismo Padre Jarzebowski estaba
escéptico acerca de las gracias maravillosas
supuestamente recibidas por los que se entregaban a la
Divina Misericordia. Pero, en la primavera de 1940, el
Padre prometió que si llegaba sano y salvo a casa de los
hermanos marianos en los Estados Unidos, pasaría el
resto de su vida difundiendo la devoción y el mensaje de
La Divina Misericordia.
Un año
más tarde, tras un viaje increíble de Polonia a
Lituania, y después, a través de Rusia y Siberia a
Vladivostok y de ahí al Japón, el Padre llegó al suelo
norteamericano. Fiel a su promesa, enseguida empezó a
distribuir información sobre el mensaje y la devoción
con la ayuda de las Hermanas Felicianas en los estados
de Michigan y Connecticut. Poco después, también sus
Hermanos se involucraron intensamente en esta promoción.
Tras varios años de actividad desde Washington, D.C., en
1944 establecieron el "Apostolado de la Misericordia de
Dios" en Eden Hill ("la Colina del Edén") en
Stockbridge, Massachusetts. Actualmente, este sitio es
la sede del Santuario Nacional de la Divina Misericordia
y el
Marian Helpers Center ("el Centro de los Auxiliadores Marianos"), que es una
moderna casa editorial de la literatura religiosa y
centro internacional de la devoción a La Divina
Misericordia. Ya en el año 1953, unos 25 millones de
ejemplares de la literatura sobre La Divina Misericordia
habían sido distribuidos por todo el mundo.
Prohibido por la
Iglesia
Durante
los años 1958 y 1959, la profecía de Sor Faustina sobre
la aparente destrucción del trabajo de divulgación de La
Divina Misericordia (I,160) empezó a cumplirse. La Santa
Sede que había recibido traducciones erróneas y confusas
de selecciones del Diario, que no se podían verificar
debido a las condiciones políticas existentes, prohibió
la difusión de la devoción de La Divina Misericordia en
las formas presentadas en los escritos de Sor
Faustina.
Durante
el tiempo de la prohibición, los marianos siguieron
difundiendo la devoción a la misericordia de Dios, pero
en obediencia a Roma, basaron el mensaje y la devoción
de La Divina Misericordia en las Sagradas Escrituras, la
Liturgia, las enseñanzas de la Iglesia y las
revelaciones de nuestra Señora en Fátima.
La revocación de la
prohibición
Veinte
años mas tarde, en 1978, se revocó por completo la
prohibición, gracias a la intervención del entonces
Arzobispo de Cracovia, el Cardenal KAROL WOJTYLA (el
actual Papa Juan Pablo II).
Gracias
a sus esfuerzos, en 1965 se comenzó un proceso
informativo sobre la vida y las virtudes de Sor
Faustina. El resultado exitoso de este proceso impulsó
la apertura de la Causa de Beatificación de Sor Faustina
en el año 1968.
En una
nueva "Notificación" del 15 de abril de 1978, la Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe, cambió su
decisión original, revocándola. Después de revisar
muchos documentos originales que no estaba disponibles
en 1959, esta Congregación declaró que la prohibición
del año 1959 ya no era válida.
Seis
meses después, el Cardenal Wojtyla fue elegido Papa Juan
Pablo II.
Animada
por la preocupación de carácter pastoral de Su
Excelencia Joseph F. Maguire, Obispo de Springfield,
Massachusetts, la Congregación de los marianos pidió una
explicación oficial de la "Notificación" del año 1978.
Al obispo le interesaban los esfuerzos renovados para
difundir el Mensaje y la Devoción de la Divina
Misericordia. El 12 de julio de 1979, recibieron una
respuesta del Prefecto de la Sagrada Congregación,
ningún impedimento a la difusión de la Devoción a La
Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor
Faustina. La respuesta de parte de sacerdotes, obispos y
laicos de todo el mundo ha sido abrumadora y la devoción
ha crecido más rápidamente de los que nadie
esperaba.
El Papa Juan Pablo
II
Una de
las razones que explica este éxito es, sin duda, el
apoyo constante del Santo Padre. En 1981, él publicó la
encíclica
"Dives
in misericordia" (Rico en Misericordia), en que habla de Cristo como
la
"encarnación de la misericordia... la
fuente inagotable de misericordia" (8). Llama la atención que
"el programa mesiánico de Cristo, el programa de la
misericordia" debe convertirse en "el programa de su
pueblo, el programa de la Iglesia" (8).
A lo
largo de toda la encíclica, el Santo Padre subraya que
la Iglesia, especialmente en nuestros tiempos modernos,
tiene "el derecho y el deber" de "profesar y proclamar
la misericordia de Dios", de "introducirla y encamarla"
en las vidas de todos y de "invocar la misericordia de
Dios", implorándola para el mundo entero.
Un año
después de publicar "Rico en Misericordia", el Papa
visitó el Santuario del Amor Misericordioso en
Collevalenza, Italia, durante su primer peregrinaje
fuera de Roma después del atentado contra su vida. Allí
el Papa reafirmó la importancia del mensaje de la
misericordia y explicó que, desde el principio de su
ministerio en Roma, ha considerado este mensaje como su
"tarea especial" que le fue asignada por Dios "ante la
situación actual del hombre, de la Iglesia y del
mundo".
En su
audiencia general del 10 de abril de 1991, el Santo
Padre habló de Sor Faustina mostrando el gran respeto
que le tiene. Además la relacionó con su encíclica y
enfatizó el papel de ella en llevarle al mundo el
mensaje de la misericordia. "Las palabras de la
encíclica sobre La Divina Misericordia (Dives in
misericordia) están particularmente cerca de nosotros.
Ellas recuerdan la figura de la Sierva de Dios, Sor
Faustina Kowalska. Esta sencilla mujer religiosa acercó
a Polonia y al mundo entero el mensaje Pascual del
Cristo Misericordioso".
La
Beatificación
El 7 de
marzo de 1992, ante la presencia del Santo Padre, la
Congregación de la Causa de los Santos promulgó el
Decreto de Virtudes Heroicas, por medio del cual la
Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las
virtudes cristianas de manera heroica. A consecuencia de
ésto recibió el título de "Venerable" Sierva de Dios y
se abrió el camino para verificar el milagro atribuido
por su intercesión.
Durante
ese mismo año, la curación de Maureen Diga junto al
sepulcro de Sor Faustina fue reconocida como milagrosa
por tres grupos distintos nombrados por la Sagrada
Congregación: primero, un grupo de médicos, después uno
de teólogos y finalmente uno de cardenales y
obispos.
El 21
de diciembre de 1992, el Santo Padre publicó la
aceptación del milagro por la Iglesia, la cual afirmó
que dicho milagro había sido conseguido por la
intercesión de Sor Faustina. Además, el Papa anunció que
la beatificación solemne de esta monja polaca tendría
lugar en Roma, el 18 de abril de 1993, el segundo
domingo de Pascua (día que nuestro Señor le había
revelado a Sor Faustina como "Fiesta de la
Misericordia").
La Canonización
El 30 de abril del 2000, en la Plaza de San
Pedro, el Santo Padre Juan Pablo II elevó a los altares
a Santa Faustina, frente miles de fieles que
peregrinaron de todo el mundo.
Que los más grandes
pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos
más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de
Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia
para las almas afligidas. Me deleitan las almas que
recurren a Mi misericordia. A estas almas les
concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo
castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi
compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e
impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como
juez justo abro de par en par la puerta de Mi
misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi
misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi
justicia...
(1146)
Novena a la Divina
Misericordia
Novena a la
Divina Misericordia, que Jesús me ordenó escribir y hacer
antes de la Fiesta de la Misericordia. Comienza el Viernes
Santo.

Dijo el Señor Jesús a Sor
Faustina: Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas
a la Fuente de mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio
y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de
la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día
traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las
sumergirás en este mar de Mi misericordia. Y a todas estas
almas Yo las introduciré en la casa de mi Padre. Lo harás en
esta vida y en la vida futura. Y no rehusaré nada a ningún
alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia. Cada día
pedirás a Mi Padre las gracias para estas almas por Mi amarga
Pasión.
Contesté:
Jesús, no sé como hacer esta novena y qué almas introducir
primero en Tu muy misericordioso Corazón. Y Jesús me contestó
que me diría, día por día, qué almas debía introducir en Su
Corazón.
Primer Día
Hoy, tráeme a toda la humanidad y
especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el
mar de Mi misericordia. De esta forma, me consolarás de
la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las
almas.
Jesús misericordiosísimo,
cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y
de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la
confianza que depositamos en tu bondad infinita.
Acógenos en la morada de Tu muy compasivo Corazón y
nunca nos dejes salir de Él. Te lo suplicamos por Tu
amor que Te une al Padre y al Espíritu Santo.
Oh omnipotencia de la
Divina Misericordia, Salvación del hombre
pecador, Tú eres la misericordia y un mar de compasión,
Ayudas a quien te ruega con
humildad.
Padre eterno, mira
con misericordia a toda la humanidad y especialmente a
los pobres pecadores que están encerrados en el Corazón
de Jesús lleno de compasión, y por su dolorosa Pasión
muéstranos Tu misericordia para que alabemos la
omnipotencia por los siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Segundo Día
Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes
y los religiosos, y sumérgelas en Mi misericordia
insondable. Fueron ellas las que Me dieron fortaleza
para soportar Mi amarga Pasión. A través de ellas, como
a través de canales, Mi misericordia fluye hacia la
humanidad.
Jesús misericordiosísimo,
de quien procede todo bien, aumenta Tu gracia en
nosotros para que realicemos dignas obras de
misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean,
glorifiquen al Padre de misericordia que está en el
cielo.
La fuente del amor de
Dios, Vive en los corazones limpios, Purificados en el
mar de misericordia, Resplandecientes como las
estrellas, claros como la
aurora.
Padre eterno, mira
con misericordia al grupo elegido de Tu viña, a las
almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos;
otórgales el poder de Tu bendición. Por el amor del
Corazón de Tu Hijo, en el cual están encerradas,
concédeles el poder de Tu luz para que puedan guiar a
otros en el camino de la salvación y a una sola voz
canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los
siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a
la Divina Misericordia.
Tercer Día
Hoy, tráeme a todas las almas devotas y
fieles, y sumérgelas en el mar de Mi misericordia. Estas
almas Me consolaron a lo largo del vía crucis. Fueron
una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.
Jesús infinitamente compasivo, que
desde el tesoro de Tu misericordia les concedes a todos
Tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de
Tu clementísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él.
Te lo suplicamos por el inconcebible amor Tuyo con que
Tu Corazón arde por el Padre
celestial.
Son impenetrables las
maravillas de la misericordia, No alcanza sondearlas ni
el pecador ni el justo, Miras a todos con compasión, Y
atraes a todos a tu amor.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas fieles como herencia de Tu
Hijo y por su dolorosa Pasión, concédeles Tu bendición y
rodéalas con Tu protección constante para que no pierdan
el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la
legión de los ángeles y los santos, glorifiquen Tu
infinita misericordia por los siglos de los siglos.
AMEN. Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Cuarto Día
Hoy, tráeme a aquellos que no
creen en Dios y aquellos que todavía no me conocen.
También pensaba en ellos durante Mi amarga pasión y su
futuro celo consoló Mi Corazón. Sumérgelos en el mar de
Mi misericordia.
Jesús
compasivísimo, que eres la luz del mundo entero. Acoge
en la morada de Tu piadosísimo Corazón a las almas de
aquellos que no creen en Dios y de aquellos que todavía
no Te conocen. Que los rayos de Tu gracia las iluminen
para que también ellas unidas a nosotros, ensalcen Tu
misericordia admirable y no las dejes salir de la morada
de Tu compasivísimo Corazón.
La luz de Tu amor,
Ilumine las tinieblas de las almas. Haz que estas almas
Te conozcan, Y junto con nosotros glorifiquen Tu
misericordia.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas de aquellos que no creen en
ti y de los que todavía no Te conocen, pero que están
encerrados en el muy compasivo Corazón de Jesús.
Atráelas hacia la luz del Evangelio. Estas almas
desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles
que también ellas ensalcen la generosidad de Tu
misericordia por los siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Quinto Día
Hoy, tráeme a las almas de los
hermanos separados y sumérgelas en el mar de Mi
misericordia. Durante Mi amarga pasión, desgarraron Mi
cuerpo y Mi Corazón, es decir, Mi Iglesia. Según
regresan a la Iglesia, Mis llagas cicatrizan y de este
modo alivian Mi pasión. También para aquellos que rasgaron la
vestidura de Tu unidad, Brota de Tu Corazón la fuente de
piedad. La omnipotencia de Tu Misericordia, oh Dios,
Puede sacar del error también a estas
almas.
Jesús sumamente
misericordioso, que eres la bondad misma, Tú no niegas
la luz a quienes Te la piden. Acoge en la morada de Tu
muy compasivo Corazón a las almas de nuestros hermanos
separados y llévalas con Tu luz a la unidad con la
Iglesia y no las dejes alejarse de la morada de tu
compasivísimo Corazón sino haz que también ellas
glorifiquen la generosidad de tu misericordia.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas de nuestros hermanos
separados especialmente a aquellos que han malgastado
Tus bendiciones y han abusado de Tus gracias por
persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus
errores, sino el amor de Tu Hijo y su amarga Pasión que
sufrió por ellos, ya que también ellos están acogidos en
el sumamente compasivo Corazón de Jesús. Haz que también
ellos glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de
los siglos. AMEN. Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Sexto Día
Hoy, tráeme a las almas mansas y
humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas
en Mi misericordia. Éstas son las almas más semejantes a
Mi Corazón. Ellas Me fortalecieron durante Mi amarga
agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al
pie de Mis altares. Sobre ellas derramo torrentes
enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz
de recibir Mi gracia; concedo Mi confianza a las almas
humildes.
Jesús tan misericordioso,
Tú Mismo has dicho: Aprendan de Mí que soy manso
y humilde de corazón. Acoge en la morada de Tu
compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a
las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a
todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre
celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de
Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas
tienen una morada permanente en Tu compasivísimo Corazón
y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por
la eternidad.
De verdad el alma
humilde y mansa, Ya aquí en la tierra respira el
paraíso, Y del perfume de su humilde corazón, Se deleita
el Creador Mismo.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas mansas y humildes y a las
almas de los niños pequeños que están encerradas en el
muy compasivo Corazón de Jesús. Estas almas son las más
semejantes a Tu Hijo. Su fragancia asciende desde la
tierra y alcanza Tu trono. Padre de misericordia y de
toda bondad, Te suplico por el amor que tienes
por estas almas y el gozo que Te proporcionan, bendice
al mundo entero para que todas las almas canten juntas
las alabanzas de Tu misericordia por los siglos de los
siglos. Amén. Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Séptimo Día
Hoy, tráeme a las almas que
veneran y glorifican Mi misericordia de modo especial y
sumérgelas en Mi misericordia. Estas almas son las que
más lamentaron Mi Pasión y penetraron más profundamente
en Mi Espíritu. Ellas son un reflejo viviente de Mi
Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un
resplandor especial en la vida futura. Ninguna de ellas
irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a
cada una en la hora de la muerte.
Jesús misericordiosísimo, cuyo
Corazón es el amor mismo, acoge en la morada de Tu
compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan
de modo particular la grandeza de Tu misericordia. Estas
almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio
de toda clase de aflicciones y adversidades siguen
adelante confiadas en Tu misericordia y unidas a Ti,
ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad.
Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que Tu
misericordia las protegerá en la hora de la
muerte.
El alma que ensalza
la bondad de su Señor, Es por Él particularmente amada.
Está siempre al lado de la fuente viva Y saca gracias de
la Divina Misericordia.
Padre eterno, mira
con misericordia a aquellas almas que glorifican y
veneran Tu mayor atributo, es decir, Tu misericordia
insondable y que están encerradas en el compasivísimo
Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente,
sus manos están llenas de obras de misericordia y sus
corazones desbordantes de gozo, Te cantan, oh Altísimo,
un cántico de misericordia. Te suplico, oh Dios,
muéstrales Tu misericordia según la esperanza y la
confianza que han puesto en Ti. Que se cumpla en ellas
la promesa de Jesús quien les dijo que: a las almas que
veneren esta infinita misericordia Mía, yo mismo las
defenderé como Mi gloria durante sus vidas y
especialmente en la hora de la muerte. Rezar la
Coronilla a la Divina Misericordia.
Octavo Día
Hoy, tráeme a las almas que están
en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de
Mi misericordia. Que los torrentes de Mi sangre
refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas
son muy amadas por Mí. Ellas cumplen con el justo
castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder
llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del
tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre...
Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren
ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del
espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi
justicia.
Jesús misericordiosísimo,
Tú Mismo has dicho que deseas la misericordia, heme
aquí que llevo a la morada de Tu muy compasivo
Corazón a las almas del purgatorio, almas que Te son muy
queridas, pero que deben pagar su culpa adeudada a Tu
justicia. Que los torrente de Sangre y Agua que brotaron
de Tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que
también allí sea glorificado el poder de Tu
misericordia.
Del tremendo ardo del
fuego del purgatorio, Se levanta un lamento a Tu
misericordia. Y reciben consuelo, alivio y refrigerio,
En el torrente de Sangre y Agua
derramada.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio
y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de
Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús , Tu
Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima
alma fue inundada, muestra Tu misericordia a las almas
que están bajo Tu justo escrutinio. No las mires sino a
través de las heridas de Jesús, Tu amadísimo Hijo ya que
creemos que Tu bondad y Tu compasión no tienen límites.
AMEN. Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Noveno Día
Hoy, tráeme a las almas tibias y
sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Estas almas
son las que más dolorosamente hieren Mi Corazón. A causa
de las almas tibias, Mi alma experimentó la más intensa
repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas
dije: Padre, aleja de Mí este cáliz, si es Tu voluntad.
Para ellas, la última tabla de salvación consiste en
recurrir a Mi misericordia.
Jesús
piadosísimo, que eres la compasión misma, Te traigo a
las almas tibias a la morada de Tu piadosísimo Corazón.
Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y Te
llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de
Tu amor puro. Oh Jesús tan compasivo, ejercita la
omnipotencia de Tu misericordia y atráelas al mismo
ardor de Tu amor y concédeles el amor santo, porque tú
lo puedes todo.
El fuego y el hielo
no pueden estar juntos, Ya que se apaga el fuego o se
derrite el hielo. Pero Tu misericordia, oh Dios, Puede
socorrer las miserias aún
mayores.
Padre eterno, mira
con misericordia a las almas tibias, sin embargo, están
acogidas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la
misericordia, Te suplico por la amarga Pasión de Tu Hijo
y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que
también ellas glorifiquen el abismo de Tu misericordia.
Amén (1209-1229). Rezar la Coronilla a la Divina
Misericordia.
Coronilla
que Jesús Misericordioso enseñó a la
beata Sor Faustina el
13 de septiembre de 1935
Padre Nuestro,
que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a
nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en
el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona
nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que
nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos
del mal. AMÉN.
Dios te
Salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo,
bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
AMÉN.
Creo en
Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Que
fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de
Santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los
infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos. Está sentado a la derecha de Dios, Padre
Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y
los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia
Católica, la Comunión de los Santos, el Perdón de los
pecados, la Resurrección de la carne y la vida eterna. AMÉN.
Al comienzo
de cada decena:
Padre Eterno,
te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de
tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como
propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (una vez).
En cada
cuenta de la decena:
Por su dolorosa
pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (10
veces).
Al terminar:
Santo Dios,
Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del
mundo entero (3 veces)
Fuente: Apóstoles de la Divina Misericordia / http://www.divinamisericordia.org
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