Cuaresma 2018

 

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 Miércoles de Ceniza

La imposición de cenizas marca el inicio de la cuaresma en la que los cristianos nos preparamos para celebrar la Pascua. El miércoles de se caracteriza por ser un día especialmente penitencial. La ceniza utilizada ese día procede de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior y la bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra.

 

La costumbre de imponer la ceniza se practica en la Iglesia desde sus orígenes. En la tradición judía, el símbolo de rociarse la cabeza con cenizas manifestaba el arrepentimiento y la voluntad de convertirse. Al inicio del cristianismo se imponía la ceniza especialmente a los penitentes, pecadores públicos que se preparaban durante la cuaresma para recibir la reconciliación. Vestían hábito penitencial y ellos mismos se imponían cenizas antes de presentarse a la comunidad. En los tiempos medievales se comienza a imponer la ceniza a todos los fieles cristianos con motivo del Miércoles de Ceniza, significando así que todos somos pecadores y necesitamos conversión. La cuaresma es para todos.

 

 El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

  • La vida humana es frágil y sujeta a la muerte.

 "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gen 2,7). 
"hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).

Dice Abrahán: "Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor" (Gn 18,27).
"todos expiran y al polvo retornan" (Sal 104,29)

  • El hombre es pecador

En Job (Jb 42,6) la ceniza simboliza dolor y penitencia.

  • Solo la ayuda de Dios puede darle significado a nuestras vidas.

La raíz de la palabra "humildad" es "humus" (tierra). La ceniza es un signo de humildad, nos recuerda lo que somos.

  • Estamos destinados a participar de la resurrección de Jesús;

El hombre no es dios sino creatura. El primer libro de la biblia así lo confirma: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de "Adán". Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19). El énfasis es el llamado a la conversión, el regreso a Dios. El rito sencillo de la imposición de ceniza que junto con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", nos invita a reflexionar sobre la necesidad de buscar de Dios ante la fragilidad de la vida humana y la simple realidad la muerte.

 

Al participar de la ceremonia del miércoles de Ceniza manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios y expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos creer de verdad en el Evangelio. Reconocemos nuestra naturaleza pecadora, pero a la misma vez confiamos en el auxilio de Dios y su infinita misericordia. La cuaresma debe ser tiempo para evaluar nuestras vidas para identificarlas cosas que nos alejan de Dios, de evaluar nuestras acciones y los motivos de nuestros actos  Sabemos que la pasión redentora de Cristo no fue solo un acto histórico sino uno personal, real y continuo por lo que al tornar nuestros rostros con humildad y arrepentimiento hacia Dios podemos ir confiados al Sacramento de la Reconciliación, perdir perdón por nuestros pecados y estar listos para la Pascua.
 

Aceptamos la necesidad de buscar a Dios no por temor sino por ser esta la vocación a la que estamos llamados. Nuestra vida terrenal es tan sólo una preparación y nuestro verdadero destino es llegar a Dios en la vida eterna. Jesús nos mostró a un Padre amoroso y que da significado a nuestras vidas. Somos hijos de Dios y estamos destinados a vivir con El. Si vivimos de acuerdo a las enseñanzas de Jesús y mantenemos la fe, sabemos que participaremos también de su resurrección pues todo el que cree en jesás tiene vida eterna. .
 

Por lo tanto el Miércoles de Ceniza la Iglesia nos invita a hacer penitencia guardando el ayuno, abstenernos de comer carne, confesarnos y participar en la liturgia de la imposición de la ceniza. Al llevar el signo de la cruz en nuestras frentes, nos convertimos en testigos vivientes de nuestra fe en Jesús.