Cristo de la Divina Misericordia


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Historia

 

Del diario de una joven monja polaca, una devoción especial a la misericordia de Dios está difundiéndose por todo el mundo.

El mensaje no es nada nuevo, sólo es un recordatorio de lo que la Iglesia siempre ha enseñado: "que Dios es misericordioso y que él perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar".

Pero en la devoción a La Divina Misericordia este mensaje asume un nuevo, poderoso enfoque, ya que nos llama a una comprensión más profunda de que el amor de Dios no tiene límites y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: "Cuánto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a mi misericordia" (II,151).

Entre los elementos de este nuevo enfoque figuran una imagen sagrada del Salvador misericordioso, varias oraciones nuevas y una abundancia de promesas. Pero los elementos principales son la confianza y las obras de misericordia.

La historia del origen y de la difusión del mensaje de La Divina Misericordia y de su devoción por todo el mundo, resulta en una interesante lectura. Comprende apariciones y revelaciones extraordinarias, respuestas milagrosas a oraciones, un escape dramático de una Polonia devastada por la guerra, una prohibición temporal del culto por la Iglesia y el fuerte apoyo del Papa Juan Pablo II, que muy probablemente será llamado por los historiadores "el Papa de la Misericordia".

Los escritos de Santa  Faustina Kowalska, una monja polaca sin instrucción, perteneciente a la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en Polonia, constituyen la fuente del mensaje y de la devoción presentados en divinamisecordia.org.

Alrededor de 1930, al obedecer a su director espiritual, el Padre Michal Sopocko, Sor Faustina escribió un diario de unas 600 páginas y así documentó las revelaciones que ella recibía sobre la misericordia de Dios.

Aún antes de su muerte en el año 1938, la devoción a La Divina Misericordia, según está revelada en este Diario, se había comenzado a difundir. Durante los trágicos años de la II Guerra Mundial (1939-1945), la práctica de esta devoción aumentó en fuerza debido a que la gente por toda Polonia y Lituania se dirigió al Salvador misericordioso para recibir consolación y esperanza.

La Congregación de los Marianos

En 1941, el Padre Jósef Jarzebowski, miembro de la Congregación de los Marianos de la Inmaculada Concepción, llevó la devoción a los Estados Unidos desde Polonia. Al principio, el mismo Padre Jarzebowski estaba escéptico acerca de las gracias maravillosas supuestamente recibidas por los que se entregaban a la Divina Misericordia. Pero, en la primavera de 1940, el Padre prometió que si llegaba sano y salvo a casa de los hermanos marianos en los Estados Unidos, pasaría el resto de su vida difundiendo la devoción y el mensaje de La Divina Misericordia.

Un año más tarde, tras un viaje increíble de Polonia a Lituania, y después, a través de Rusia y Siberia a Vladivostok y de ahí al Japón, el Padre llegó al suelo norteamericano. Fiel a su promesa, enseguida empezó a distribuir información sobre el mensaje y la devoción con la ayuda de las Hermanas Felicianas en los estados de Michigan y Connecticut. Poco después, también sus Hermanos se involucraron intensamente en esta promoción. Tras varios años de actividad desde Washington, D.C., en 1944 establecieron el "Apostolado de la Misericordia de Dios" en Eden Hill ("la Colina del Edén") en Stockbridge, Massachusetts. Actualmente, este sitio es la sede del Santuario Nacional de la Divina Misericordia y el Marian Helpers Center ("el Centro de los Auxiliadores Marianos"), que es una moderna casa editorial de la literatura religiosa y centro internacional de la devoción a La Divina Misericordia. Ya en el año 1953, unos 25 millones de ejemplares de la literatura sobre La Divina Misericordia habían sido distribuidos por todo el mundo.

Prohibido por la Iglesia

Durante los años 1958 y 1959, la profecía de Sor Faustina sobre la aparente destrucción del trabajo de divulgación de La Divina Misericordia (I,160) empezó a cumplirse. La Santa Sede que había recibido traducciones erróneas y confusas de selecciones del Diario, que no se podían verificar debido a las condiciones políticas existentes, prohibió la difusión de la devoción de La Divina Misericordia en las formas presentadas en los escritos de Sor Faustina.

Durante el tiempo de la prohibición, los marianos siguieron difundiendo la devoción a la misericordia de Dios, pero en obediencia a Roma, basaron el mensaje y la devoción de La Divina Misericordia en las Sagradas Escrituras, la Liturgia, las enseñanzas de la Iglesia y las revelaciones de nuestra Señora en Fátima.

La revocación de la prohibición

Veinte años mas tarde, en 1978, se revocó por completo la prohibición, gracias a la intervención del entonces Arzobispo de Cracovia, el Cardenal KAROL WOJTYLA (el actual Papa Juan Pablo II).

Gracias a sus esfuerzos, en 1965 se comenzó un proceso informativo sobre la vida y las virtudes de Sor Faustina. El resultado exitoso de este proceso impulsó la apertura de la Causa de Beatificación de Sor Faustina en el año 1968.

En una nueva "Notificación" del 15 de abril de 1978, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, cambió su decisión original, revocándola. Después de revisar muchos documentos originales que no estaba disponibles en 1959, esta Congregación declaró que la prohibición del año 1959 ya no era válida.

Seis meses después, el Cardenal Wojtyla fue elegido Papa Juan Pablo II.

Animada por la preocupación de carácter pastoral de Su Excelencia Joseph F. Maguire, Obispo de Springfield, Massachusetts, la Congregación de los marianos pidió una explicación oficial de la "Notificación" del año 1978. Al obispo le interesaban los esfuerzos renovados para difundir el Mensaje y la Devoción de la Divina Misericordia. El 12 de julio de 1979, recibieron una respuesta del Prefecto de la Sagrada Congregación, ningún impedimento a la difusión de la Devoción a La Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina. La respuesta de parte de sacerdotes, obispos y laicos de todo el mundo ha sido abrumadora y la devoción ha crecido más rápidamente de los que nadie esperaba.

El Papa Juan Pablo II

Una de las razones que explica este éxito es, sin duda, el apoyo constante del Santo Padre. En 1981, él publicó la encíclica "Dives in misericordia" (Rico en Misericordia), en que habla de Cristo como la "encarnación de la misericordia... la fuente inagotable de misericordia" (8). Llama la atención que "el programa mesiánico de Cristo, el programa de la misericordia" debe convertirse en "el programa de su pueblo, el programa de la Iglesia" (8).

A lo largo de toda la encíclica, el Santo Padre subraya que la Iglesia, especialmente en nuestros tiempos modernos, tiene "el derecho y el deber" de "profesar y proclamar la misericordia de Dios", de "introducirla y encamarla" en las vidas de todos y de "invocar la misericordia de Dios", implorándola para el mundo entero.

Un año después de publicar "Rico en Misericordia", el Papa visitó el Santuario del Amor Misericordioso en Collevalenza, Italia, durante su primer peregrinaje fuera de Roma después del atentado contra su vida. Allí el Papa reafirmó la importancia del mensaje de la misericordia y explicó que, desde el principio de su ministerio en Roma, ha considerado este mensaje como su "tarea especial" que le fue asignada por Dios "ante la situación actual del hombre, de la Iglesia y del mundo".

En su audiencia general del 10 de abril de 1991, el Santo Padre habló de Sor Faustina mostrando el gran respeto que le tiene. Además la relacionó con su encíclica y enfatizó el papel de ella en llevarle al mundo el mensaje de la misericordia. "Las palabras de la encíclica sobre La Divina Misericordia (Dives in misericordia) están particularmente cerca de nosotros. Ellas recuerdan la figura de la Sierva de Dios, Sor Faustina Kowalska. Esta sencilla mujer religiosa acercó a Polonia y al mundo entero el mensaje Pascual del Cristo Misericordioso".

La Beatificación

El 7 de marzo de 1992, ante la presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de los Santos promulgó el Decreto de Virtudes Heroicas, por medio del cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes cristianas de manera heroica. A consecuencia de ésto recibió el título de "Venerable" Sierva de Dios y se abrió el camino para verificar el milagro atribuido por su intercesión.

Durante ese mismo año, la curación de Maureen Diga junto al sepulcro de Sor Faustina fue reconocida como milagrosa por tres grupos distintos nombrados por la Sagrada Congregación: primero, un grupo de médicos, después uno de teólogos y finalmente uno de cardenales y obispos.

El 21 de diciembre de 1992, el Santo Padre publicó la aceptación del milagro por la Iglesia, la cual afirmó que dicho milagro había sido conseguido por la intercesión de Sor Faustina. Además, el Papa anunció que la beatificación solemne de esta monja polaca tendría lugar en Roma, el 18 de abril de 1993, el segundo domingo de Pascua (día que nuestro Señor le había revelado a Sor Faustina como "Fiesta de la Misericordia").

La Canonización

El 30 de abril del 2000, en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre Juan Pablo II elevó a los altares a Santa Faustina, frente miles de fieles que peregrinaron de todo el mundo.

 Que los más grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia.  A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo   abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia... (1146)

Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia, que Jesús me ordenó escribir y hacer antes de la Fiesta de la Misericordia. Comienza el Viernes Santo.

Dijo el Señor Jesús a Sor Faustina: Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de Mi misericordia. Y a todas estas almas Yo las introduciré en la casa de mi Padre. Lo harás en esta vida y en la vida futura. Y no rehusaré nada a ningún alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia. Cada día pedirás a Mi Padre las gracias para estas almas por Mi amarga Pasión.

Contesté: Jesús, no sé como hacer esta novena y qué almas introducir primero en Tu muy misericordioso Corazón. Y Jesús me contestó que me diría, día por día, qué almas debía introducir en Su Corazón.

Primer Día

 

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de Mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas.

 

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita. Acógenos en la morada de Tu muy compasivo Corazón y nunca nos dejes salir de Él. Te lo suplicamos por Tu amor que Te une al Padre y al Espíritu Santo.

Oh omnipotencia de la Divina Misericordia,   Salvación del hombre pecador, Tú eres la misericordia y un mar de compasión, Ayudas a quien te ruega con humildad.

Padre eterno, mira con misericordia a toda la humanidad y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el Corazón de Jesús lleno de compasión, y por su dolorosa Pasión muéstranos Tu misericordia para que alabemos la omnipotencia por los siglos de los siglos. AMEN.

Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Segundo Día

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en Mi misericordia insondable. Fueron ellas las que Me dieron fortaleza para soportar Mi amarga Pasión. A través de ellas, como a través de canales, Mi misericordia fluye hacia la humanidad.


Jesús misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta Tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el cielo.

La fuente del amor de Dios, Vive en los corazones limpios, Purificados en el mar de misericordia, Resplandecientes como las estrellas, claros como la aurora.

Padre eterno, mira con misericordia al grupo elegido de Tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de Tu bendición. Por el amor del Corazón de Tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de Tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. AMEN.

Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Tercer Día

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de Mi misericordia. Estas almas Me consolaron a lo largo del vía crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.


Jesús infinitamente compasivo, que desde el tesoro de Tu misericordia les concedes a todos Tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de Tu clementísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor Tuyo con que Tu Corazón arde por el Padre celestial.

Son impenetrables las maravillas de la misericordia, No alcanza sondearlas ni el pecador ni el justo, Miras a todos con compasión, Y atraes a todos a tu amor.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de Tu Hijo y por su dolorosa Pasión, concédeles Tu bendición y rodéalas con Tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen Tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Cuarto Día

Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que todavía no me conocen. También pensaba en ellos durante Mi amarga pasión y su futuro celo consoló Mi Corazón. Sumérgelos en el mar de Mi misericordia.


Jesús compasivísimo, que eres la luz del mundo entero. Acoge en la morada de Tu piadosísimo Corazón a las almas de aquellos que no creen en Dios y de aquellos que todavía no Te conocen. Que los rayos de Tu gracia las iluminen para que también ellas unidas a nosotros, ensalcen Tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de Tu compasivísimo Corazón.

La luz de Tu amor, Ilumine las tinieblas de las almas. Haz que estas almas Te conozcan, Y junto con nosotros glorifiquen Tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de aquellos que no creen en ti y de los que todavía no Te conocen, pero que están encerrados en el muy compasivo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de Tu misericordia por los siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Quinto Día

Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de Mi misericordia. Durante Mi amarga pasión, desgarraron Mi cuerpo y Mi Corazón, es decir, Mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, Mis llagas cicatrizan y de este modo alivian Mi pasión.
También para aquellos que rasgaron la vestidura de Tu unidad, Brota de Tu Corazón la fuente de piedad. La omnipotencia de Tu Misericordia, oh Dios, Puede sacar del error también a estas almas.

Jesús sumamente misericordioso, que eres la bondad misma, Tú no niegas la luz a quienes Te la piden. Acoge en la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con Tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes alejarse de la morada de tu compasivísimo Corazón sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados especialmente a aquellos que han malgastado Tus bendiciones y han abusado de Tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de Tu Hijo y su amarga Pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están acogidos en el sumamente compasivo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de los siglos. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Sexto Día

Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en Mi misericordia. Éstas son las almas más semejantes a Mi Corazón. Ellas Me fortalecieron durante Mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de Mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir Mi gracia; concedo Mi confianza a las almas humildes.


Jesús tan misericordioso, Tú Mismo has dicho: Aprendan de Mí que soy manso y humilde de corazón. Acoge en la morada de Tu compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en Tu compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.

De verdad el alma humilde y mansa, Ya aquí en la tierra respira el paraíso, Y del perfume de su humilde corazón, Se deleita el Creador Mismo.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el muy compasivo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a Tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanza Tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad,   Te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que Te proporcionan, bendice al mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de Tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Séptimo Día

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican Mi misericordia de modo especial y sumérgelas en Mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron Mi Pasión y penetraron más profundamente en Mi Espíritu. Ellas son un reflejo viviente de Mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un resplandor especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.


Jesús misericordiosísimo, cuyo Corazón es el amor mismo, acoge en la morada de Tu compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de Tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en Tu misericordia y unidas a Ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad. Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que Tu misericordia las protegerá en la hora de la muerte.

El alma que ensalza la bondad de su Señor, Es por Él particularmente amada. Está siempre al lado de la fuente viva Y saca gracias de la Divina Misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran Tu mayor atributo, es decir, Tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo, Te cantan, oh Altísimo, un cántico de misericordia. Te suplico, oh Dios, muéstrales Tu misericordia según la esperanza y la confianza que han puesto en Ti. Que se cumpla en ellas la promesa de Jesús quien les dijo que: a las almas que veneren esta infinita misericordia Mía, yo mismo las defenderé como Mi gloria durante sus vidas y especialmente en la hora de la muerte.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Octavo Día

Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Que los torrentes de Mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre...  Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.


Jesús misericordiosísimo, Tú Mismo has dicho que deseas la misericordia, heme aquí  que llevo a la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas del purgatorio, almas que Te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adeudada a Tu justicia. Que los torrente de Sangre y Agua que brotaron de Tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de Tu misericordia.

Del tremendo ardo del fuego del purgatorio, Se levanta un lamento a Tu misericordia. Y reciben consuelo, alivio y refrigerio, En el torrente de Sangre y Agua derramada.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús , Tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra Tu misericordia a las almas que están bajo Tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, Tu amadísimo Hijo ya que creemos que Tu bondad y Tu compasión no tienen límites. AMEN.
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

Noveno Día

Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren Mi Corazón. A causa de las almas tibias, Mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de Mí este cáliz, si es Tu voluntad. Para ellas, la última tabla de salvación consiste en recurrir a Mi misericordia.


Jesús piadosísimo, que eres la compasión misma, Te traigo a las almas tibias a la morada de Tu piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y Te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de Tu amor puro. Oh Jesús tan compasivo, ejercita la omnipotencia de Tu misericordia y atráelas al mismo ardor de Tu amor y concédeles el amor santo, porque tú lo puedes todo.

El fuego y el hielo no pueden estar juntos, Ya que se apaga el fuego o se derrite el hielo. Pero Tu misericordia, oh Dios, Puede socorrer las miserias aún mayores.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas tibias, sin embargo, están acogidas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la misericordia, Te suplico por la amarga Pasión de Tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de Tu misericordia. Amén (1209-1229).
Rezar la Coronilla a la Divina Misericordia.

 

Coronilla que Jesús Misericordioso enseñó a la

beata Sor Faustina el 13 de septiembre de 1935


Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. AMÉN.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. AMÉN.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos. Está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el Perdón de los pecados, la Resurrección de la carne y la vida eterna. AMÉN.

Al comienzo de cada decena:

Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados  y los del mundo entero (una vez).

En cada cuenta de la decena:

Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (10 veces).

Al terminar:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (3 veces)

 

Fuente: Apóstoles de la Divina Misericordia / http://www.divinamisericordia.org