Padre eterno y providente, que desde la eternidad nos elegiste para
ser pueblo tuyo y en Cristo concediste a cada ser humano y a cada
pueblo una dignidad inviolable. Tú, que hace más de quinientos años,
permitiste que la luz del Evangelio de tu Hijo amado, iluminara
nuestras playas, llanos y montañas.
R. ¡Salva nuestro pueblo, Señor y bendice nuestra tierra!
Al celebrar el Quinto Centenario de la llegada del primer Obispo a
las tierras de América y la fundación de tu Iglesia en Puerto Rico,
nos
llenamos de gozo, te glorificamos y damos gracias con María, Madre
de la Divina Providencia, el beato Carlos Manuel, todos tus santos y
santas, por las maravillas que has realizado a lo largo de nuestra
historia.
R. ¡Salva nuestro pueblo, Señor y bendice nuestra tierra!
Te pedimos que nos hagas dóciles a la acción de tu Espíritu Santo, y
como fieles discípulos de Jesús, el Señor, seamos sus misioneros en
medio de nuestro pueblo, necesitado de tu gracia, amor, justicia,
solidaridad, reconciliación y paz.
R. ¡Salva nuestro pueblo, Señor y bendice nuestra
tierra!
Haz que siguiendo el ejemplo de san Juan Bautista, su Precursor,'
ayudemos a nuestros hermanos y hermanas puertorriqueños y a todos
los que habitan en esta tierra, para que sus corazones se abran de
par en par al Cordero victorioso, que quita los pecados del mundo, y
así
venzamos los males que nos aquejan y, redimidos por su sangre,
podamos ser inscritos en el Libro de la Vida a la que Él nos ha
conducido por su muerte y resurrección.
R. ¡Salva nuestro pueblo, Señor y bendice nuestra tierra!
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.