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La Santa Misa

 

¿Qué es la Santa Misa?

Jesús es nuestro Salvador. Después de haber compartido nuestra vida en todo, menos en el pecado, nos manifestó su amor hasta el extremo muriendo en una cruz y venciendo la muerte para liberarnos del pecado y hacernos partícipes de la Vida Divina. La Santa Misa es el Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, en ella El renueva y actualiza su entrega de amor, se hace presente entre nosotros como Jesús Resucitado para ofrecer a cada uno y a toda la asamblea su poder transformador y liberador.

En cada Eucaristía nos encontramos real y vitalmente con Jesús Resucitado y vamos siendo, de forma progresiva, transformados en El, según la medida de nuestra fe y de nuestra docilidad. La Eucaristía es pues, el corazón mismo de la vida cristiana, manantial de santidad, de transformación, de cristificación. La comunión con su Cuerpo y con su Sangre fortalece nuestra unión con el Padre y recrea los vínculos de unión entre nosotros. Por eso podemos decir que la Santa Misa es:

  • Sacrificio: La entrega de Jesús al Padre y a nosotros.
  • Acción de Gracias: A Dios Padre por el don inefable de su Hijo y de su amor.
  • Sacramento: Signo visible de la Presencia de Jesús resucitado que continúa en nosotros su obra salvadora y la comunica a través de nosotros.
  • Alimento: Que hace crecer a Jesús en nosotros comunicándonos sus mismos sentimientos y actitudes.
  • Fuente de comunión: Porque fortalece y recrea nuestros vínculos fraternos y nos capacita para amarnos como El nos ama.

La Eucaristía es el corazón de nuestra fe, el tesoro más precioso de la Iglesia, manantial inagotable de santidad, comunión y solidaridad.

El Santo Padre, en su carta apostólica Mane Nobiscum Domine, nos dice que “la Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura” (n. 25). Por eso nos invita a “encarnar el proyecto eucarístico” en la vida cotidiana; a vivir la “cultura de la Eucaristía promoviendo la cultura del diálogo, que en ella encuentra fuerza y alimento” (n. 26b). “A vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz, donde se forman hombres y mujeres que, en los diversos ámbitos de responsabilidad de la vida social, cultural y política, sean artesanos de diálogo y comunión” (n. 27).

Ritos iniciales

La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad, y se dispongan a oír como conviene la palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.

  • Entrada: Mientras el sacerdote se acerca al altar se entona el canto de entrada, que nos prepara y motiva para celebrar el Banquete Pascual de Cristo.
  • Saludo del sacerdote: Después de besar el altar que representa a Cristo y hacer la señal de la cruz, el sacerdote saluda y acoge a la asamblea.
  • Acto penitencial: Este es un momento propicio para reconocer las propias faltas, arrepentirnos y disponernos a cambiar nuestra vida y así participar dignamente en la santa Misa.
  • Señor ten piedad: La asamblea, reconociéndose pecadora, implora comunitariamente el perdón de Dios.
  • Gloria: Es un himno de alabanza y glorificación a la Santísima Trinidad. Puede ser rezado o cantado los domingos y en otras celebraciones especiales.
  • Oración colecta: Expresa la intención que tiene la Iglesia en cada celebración y recoge las intenciones de todos los miembros de la asamblea.

La celebración eucarística alimenta al discípulo de Cristo con dos “mesas”, la de la Palabra de Dios y la del Pan de Vida.

Liturgia de la Palabra

En la primera parte de la Misa se lee la Sagrada Escritura para que podamos ser iluminados y puedan arder nuestros corazones escuchando al Señor.

  • Primera lectura: Es tomada del Antiguo o del Nuevo Testamento.
  • Salmo responsorial: Es la respuesta de la asamblea a la Palabra de Dios que ha sido proclamada. Generalmente es proclamado por un solista y la asamblea participa rezando o cantando un pequeño estribillo.
  • Segunda lectura: En el domingo, Día del Señor, y otras fiestas particulares, la liturgia incluye una segunda lectura que es tomada del Nuevo Testamento.
  • Aleluya: Se reza o se canta antes del evangelio en todos los tiempos litúrgicos, excepto en la Cuaresma, durante la cual se proclaman o cantan otros cantos que disponen la asamblea a la escucha y meditación de la Palabra de Dios.
  • Evangelio: Es la proclamación de algún pasaje del santo Evangelio (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), que narra la vida y misión de Jesús. Nos colocamos de pie para expresar nuestra fe y nuestra adhesión a Jesucristo. El Evangelio es proclamado por el sacerdote o el diácono.
  • Homilía: Es la explicación que el sacerdote hace de las lecturas bíblicas para ayudarnos a aplicarlas a nuestra vida.
  • Profesión de fe: En la Misa dominical y otras ocasiones especiales proclamamos solemnemente nuestra fe orando el Credo.
  • Oración de los fieles: La asamblea, en comunión con todos los miembros de la Iglesia, presenta al Señor sus necesidades.

Liturgia Eucarística

Ofertorio

Presentación de las ofrendas: el Sacerdote presenta al Padre las ofrendas del pan y del vino que luego se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Generalmente las ofrendas son llevadas al altar por los fieles que junto con ellas presentan a Dios su propia vida.

Oración sobre las ofrendas: Es una acción de gracias a Dios Padre por los dones recibidos y que, a su vez, son presentados a El como ofrenda de nuestra vida.

Plegaria eucarística

Se inicia el momento central de la celebración con la acción de gracias llamada Prefacio que es un himno de agradecimiento a Dios Padre, que tiene una fuerte expresión en el canto del Santo.

  • Epíclesis o invocación del Espíritu Santo. El sacerdote extiende las manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo para que por su acción, estos sean transformados en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y sean prenda de salvación para quienes los reciban.
  • Narración de la institución y consagración: Es el momento central de la Misa. El sacerdote repite las palabras y gestos que Jesús realizó en la Ultima Cena. En este momento el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y Cristo Resucitado se hace presente en medio de nosotros para transformar nuestras vidas.

Después de la Consagración, el sacerdote llama la atención de los fieles sobre este inefable misterio de fe y nosotros respondemos haciendo Memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, esperando su venida gloriosa al final de los tiempos.

El sacerdote invoca al Espíritu Santo sobre la asamblea para que exprese siempre mejor la comunión que nos une como miembros del Unico Cuerpo de Cristo y en comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra.

  • Doxología final: Es un acto de alabanza a la Santísima Trinidad: “Por Cristo, con El y en El, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”. La Asamblea participa en esta alabanza respondiendo con un consciente y fervoroso “amén”.
  • Comunión: Al comulgar con el Cuerpo y la Sangre del Señor entramos en íntima comunión con El. Recibimos a Jesús Resucitado en nuestro corazón y acogemos su salvación para que El siga construyendo con nosotros su reino de justicia y de paz. Para comulgar dignamente necesitamos estar en gracia de Dios.
  • Momento de silencio y acción de gracias: Después de la Comunión permanecemos sentados para dar gracias a Dios por habernos permitido participar en el Banquete y Sacrificio de Jesús y renovarle nuestro amor y nuestra entrega.
  • Oración después de la comunión: Agradece al Padre por la Eucaristía que hemos celebrado y pide que se transforme en vida nueva para toda la comunidad.

Rito de Conclusión

Bendición final, despedida y envío: El sacerdote concluye la celebración invocando para todos la bendición de Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Pero no basta con participar en la Eucaristía, debemos prolongarla en nuestras actividades cotidianas. Por eso al despedirnos, aceptamos el compromiso de manifestar a los que viven con nosotros la vida nueva que hemos recibido en la Santa Misa.

“Dejar la Misa porque el sacerdote predica mal es como no querer tomar el autobús porque el conductor es antipático”

Padre Martín Descalzo

Oración antes de la Santa Misa

“Acepta, Trinidad Santísima, este sacrificio consumado en el calvario y que ahora el mismo Jesús renueva en el altar por medio de sus sacerdotes. Me uno a las intenciones de Cristo, Sacerdote y Víctima, ofreciendo este sacrificio para tu gloria y por la salvación de todos los hombres. Deseo adorar tu eterna Majestad, con Jesucristo, por Jesucristo y en Jesucristo; agradecer tu inmensa bondad, satisfacer tu justicia ofendida e invocar tu misericordia sobre la Iglesia, sobre todos mis allegados y sobre mí mismo.”

Beato Santiago Alberione

La santa Comunión

“No hay duda de que el aspecto más evidente de la Eucaristía es el de banquete. La Eucaristía nació la noche del Jueves Santo en el contexto de la cena pascual. Por tanto, conlleva en su estructura el sentido del convite: Tomen y coman... Tomó luego una copa y... se la dio diciendo: Beban todos de ella... (Mt 26, 26-27). Este aspecto expresa muy bien la relación de comunión que Dios quiere establecer con nosotros y que nosotros mismos debemos desarrollar recíprocamente” (Mane Nobiscum Domine, 15).

La Comunión es el momento cumbre de la Eucaristía porque es allí donde Dios Padre ofreciéndonos a su Hijo en alimento nos comunica su misma vida. Es un momento de profunda intimidad con Dios: Jesús en nosotros y nosotros en El, unidos, fundidos como el sarmiento en la vida. De esta intimidad con El depende la transformación de nuestra vida y la fecundidad de nuestras buenas obras: “El que permanece en mí y yo en él, produce mucho fruto”.

Nuestra participación en la Eucaristía llega a su plenitud en la Comunión; quien comulga con fe y amor poco a poco tendrá los mismos sentimientos de Jesús y reflejará en su vida sus mismas actitudes.

Puede acercarse a la Comunión quien está en gracia de Dios y es consciente de que comulgando recibe a Jesús Resucitado en su corazón. Para prepararse mejor a recibir la santa Comunión es conveniente acompañar con fe y atención las oraciones que el sacerdote reza antes de la Comunión: El Cordero de Dios: Señor, no soy digno...

Después de la Comunión

Permanecemos en silencio de adoración y acción de gracias, permitiendo que Jesús entre en nuestro corazón, sane nuestras heridas, fortalezca nuestra voluntad y nos infunda sus sentimientos de amor y de misericordia hacia las personas. Es recomendable rezar de manera personal o comunitaria la siguiente oración:

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡ Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
A la hora de mi muerte, llámame
Y mándame ir a Ti, para que con tus santos
te alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Acción de gracias después de la Comunión

Te doy gracias, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno porque aunque soy un siervo pecador y sin mérito alguno, has querido alimentarme misericordiosamente con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo. Que esta sagrada comunión no vaya a ser para mí ocasión de castigo sino causa de perdón y salvación, que sea para mí armadura de fe, escudo de buena voluntad; que me libre de todos mis vicios, y me ayude a superar mis pasiones desordenadas; que aumente mi caridad y mi paciencia, mi obediencia y humildad, y mi capacidad para hacer el bien; que sea defensa inexpugnable contra todos mis enemigos, visibles e invisibles; y guía de todos mis impulsos y deseos. Que me una más íntimamente a Ti, único y verdadero Dios, y me conduzca con seguridad al banquete del cielo, donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, y felicidad perfecta. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Santo Tomás de Aquino

Fuente: Devocionario Eucarístico
Paulinas (Colombia)