La Beata Candelaria de San José

“María del Sagrario”


 

Su vida

El domingo 27 de abril, en la ciudad de Caracas será elevada a los altares Madre Candelaria de San José, una humilde y sencilla mujer latinoamericana aunque emparentada directamente con el Libertador Bolivar[1], hija del Carmelo.

En esta breve reseña quiero fijarme exclusivamente en una de las líneas de fuerza en la vida de esta extraordinaria mujer: su vivencia de la Eucaristía. Para mi reflexión me baso exclusivamente en los Artículos recopilados en el Proceso de su Beatificación[2] y en su Epistolario[3].

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La nueva beata Madre Candelaria de San José (Susana Paz Castillo y Bolivar) nació en Altagracia de Orituco (Estado Guárico) Venezuela, el 11 de agosto de 1863.

Su vida Eucarística se inicia cuando a los 16 años, el 8 de septiembre de 1879, cuando hace su Primera Comunión.

De esta etapa nos refieren los testigos que asistía a Misa diariamente y frecuentaba la comunión. También nos dicen que cosía para la Iglesia: corporales, manteles, purificadores, cuidaba de la lámpara del Sagrario, la cual divisaba desde su casa y le invitaba a tener el corazón levantado hacia Dios.

Fundadora

La muerte de su madre en 1887 señala una nueva etapa en su vida pues queda al frente de su numerosa familia. Al mismo tiempo comienza la atención a pobres y menesterosos lo cual la llevó a fundar junto a tres compañeras, el Hospital San Antonio, el 13 de septiembre de 1903. El grupo evoluciona y el 31 de diciembre de 1910 emiten la primera profesión religiosa fundando así la Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Altagracia de Orituco.

Los primeros años de su fundación fueron de muchas incertidumbres, dificultades y estrecheces, pero ella vivía su fe centrada en el Misterio de la Eucaristía. Escribe: “Figúrese cual será la satisfacción que experimentan nuestras almas estando cerca del que será por toda la eternidad nuestra vida”.[4]

Cuando Madre Candelaria disponía de tiempo acudía a la vera de Jesús Sacramentado. Pasaba allí cuanto tiempo podía según se lo permitían sus ocupaciones. Allí encontraba el consuelo en sus penas, la luz en sus dudas y la fuerza para todas sus empresas. Desde joven sus delicias fueron estar con Jesús Sacramentado.

Es indicativo de su amor a la Eucaristía el hecho de que en el recordatorio de su Profesión Religiosa estampó una frase de Santo Tomás de Aquino: “Oh Jesús, que estáis para mí oculto bajo los velos del Sacramento escuchad el ardiente deseo de mi corazón y haced que pueda veros cara a cara en la visión eterna de vuestra gloria”.

Siendo Maestra de Novicias escribe al Co-Fundador de su Congregación, el Siervo de Dios Sixto Sosa, “El único consuelo que hallo es en el Sagrario…”[5]

Los expresiones de su vida profundamente eucarística son varias: siempre escuchaba la Misa de rodillas. Cuando el Santísimo no estaba reservado en la Capilla de sus obras no le importaba sacrificio para llegarse hasta el templo y poder visitarlo. Siempre que pasaba delante de una Iglesia entraba a visitar al Señor y cuando ya tenía Reserva en la Capilla de sus conventos, al llegar algún huésped lo invitaba a entrar para visitar el Santísimo Sacramento. Se alegraba cuando veía grupos de hombres acercarse a la Sagrada Comunión y asistían a las procesiones acompañando al Santísimo Sacramento. Ya siendo fundadora estableció en su Congregación varios días de adoración y Horas Santas y ella misma pasaba muchas noches delante del Sagrario.

Estando en la fundación en la Isla Margarita en 1922 conoce a los Padres Carmelitas[6] quienes procedentes de la vecina Isla de Puerto Rico habían llegado allí. El 25 de marzo de 1925, las Hermanitas de los Pobres de Altagracia de Orituco son agregadas a las Orden del Carmen y a partir de ese momento serán conocidas como Hermanas Carmelitas Venezolanas.

María del Sagrario

En la documentación recogida para la Causa de beatificación queda claro que perteneció a la Obra de los Sagrarios Calvarios fundada por el Beato Manuel González García. Veamos…

El dato lo proporciona ella misma en carta escrita en Cumaná,  fechada el 19 de abril de 1933[7] y dirigida a Isabelita Mata de la ciudad de Porlamar. En ella le recomienda que propague la Obra de los Sagrarios-Calvarios y le deja saber que ella es la primera María del Sagrario del Hospital de Porlamar.

También la documentación hace referencia a una reseña de una Solemne festividad que se celebró en el santo Hospital de Margarita (Porlamar) el 29 de mayo de 1934. La cronista hace resaltar “la gran dicha de comulgar en su propio Sagrario, que tuvo Madre Candelaria, como primera María de los Sagrarios-Calvarios, contemplativa”.[8]

Madre Candelaria, muy a menudo en las noches de insomnio de su última enfermedad estaba en espíritu haciendo vela ante “su” Sagrario.

Hechos extraordinarios relacionados con la Eucaristía

Una de las testigos en el Proceso de Beatificación refiere que escuchó decir a las Hermanas antiguas que Madre Candelaria recolectando limosnas por los pueblos de Anzoátegui, con hambre de la Eucaristía, que no había podido recibir en algunos días, llegó a la Iglesia parroquial de Aragua de Barcelona en el momento que el sacerdote se disponía a dar la Comunión, y desprendiéndose la Hostia de sus dedos fue volando a la boca de Madre Candelaria que estaba arrodillada al final de la Iglesia.

También refiere un testigo que el Señor premió su amor ardiente a la Eucaristía, manifestándosele al levantar la Hostia el sacerdote en la Santa Misa. Esto sucedió en Porlamar con el sacerdote carmelita P. José María Plana. Dijo ella en cierta ocasión: “Que santo debe ser el Padre Plana, que cuando levanta la Hostia, levanta al Niño Jesús”. Poco faltó para que refirieran el comentario de Madre Candelaria al Padre Plana, a lo cual contestó él: “Que santa debe ser la Madre Candelaria que ve lo que yo no veo”.

Su amor al misterio Eucarístico lo proyectaba en su veneración a los sacerdotes. Los tenía por santos a todos y decía a las Hermanas “Debemos besar donde ellos pisan”. Les pedía la bendición de rodillas y se encargó de manera particular de la selección y formación de las Hermanas que iban a servir en el Seminario Diocesano de Cumaná.

Prácticas

Ya hemos señalado que oía a diario la Santa Misa y de rodillas. Pasaba cuanto tiempo podía delante del Sagrario Muchas veces se levantaba a medianoche para practicar la Hora Santa o rezar junto al Sagrario. Se reservaba para sí el trabajo de lavar los paños sagrados y ella misma hacía las hostias y las velas para la celebración.

En sus escritos las referencias a la Eucaristía son constantes, lo que demuestra su centralidad en su vida. Veamos algunas:

Dando cuenta de la marcha de la “mínima Congregación” como ella solía llamar a su fundación, a Mons. Sixto Sosa, el co-fundador escribe: “Cuando me hallo con una dificultad me postro ante el Santísimo que me enseñe…”[9]

Escribe su Prelado y Padre espiritual: “Estando como estamos tan cerca de El por medio de la Divina Eucaristía, nada tenemos que temer; pues El nos ve y nos oye y sabe que todo lo soportamos por su amor.”[10]

Desde Cumaná escribe a la Maestra de novicias ”En todo debemos estar muy unidas con el amado Jesús, que es el que puede llevarnos y así espero que del Sagrario salgan las luces que deben iluminar nuestras tinieblas y, encendidos con estas divinas llamas nos sean ligeras las cruces que su misericordia quiera enviarnos para nuestro bien espiritual”.[11]

A una joven de Porlamar: “Piérdase y que cuando la busquen la hallen delante del Santísimo”. [12] Dicen los testigos que esto era lo que en realidad hacía ella…siempre delante del Sagrario.

Exhortando sobre la humildad a una joven religiosa: “Hágalo por Jesús Hostia, alimento de nuestras almas, que nos ha llamado a esta vida de martirios para darnos el cielo”.[13]

“Estar delante”, “perderse” “hacerlo todo por Jesús Hostia” son expresiones de una vida profundamente eucarística que concluyó el 31 de enero de 1940 exclamando “¡Jesús, Jesús, Jesús!!Ya triunfé!

Fue la conclusión de una larga vida – pasada haciendo el bien – que tuvo siempre como norte lo que escribió a su Prelado y Padre espiritual: “Estando como estamos tan cerca de El por medio de la Divina Eucaristía, nada tenemos que temer; pues El nos ve y nos oye y sabe que todo lo soportamos por su amor. A cada momento le repetimos: Por ti Señor, por ti Señor”.[14]


[1] Sus abuelos paternos fueron: D. Antonio Paz Castillo y Bolívar y Doña Candelaria Pérez y Bolívar. Doña Candelaria era prima hermana del Libertador Simón Bolivar.

[2] Publicados por la Orden del Carmen en la Ciudad de Caracas en 1978.

[3] Ejemplos y Enseñanzas, Ed. Claret, Barcelona, 1976

[4] E 43

[5] E 151

[6] Es el Beato Ludovico M. Ayet, O. Carm. martirizado en Barcelona (España) el 13 de septiembre de 1936 y Beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007.

[7] Epistolario 231, Cumaná, 19-4-33 Carta a Isabelita Mata.

[8] Artículos No 127, nota 1

[9] Ejemplos y enseñanzas 88

[10] E 69

[11] E 251

[12] Artículos 179

[13] Ejemplos y enseñanzas 178

[14] E 69

 

Colaboración: P. Tarsicio María, Párroco Santa Teresita