Un Sueño hecho Realidad
Por Isabel Cintrón Moscoso, T. Carm.
 

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Durante varios años, la imagen antigua de la Virgen del Carmen –vestida de todo menos con el hábito carmelita, en una esquina olvidada de la Santa Catedral de San Juan--, fue el sueño codiciado por muchos Carmelitas.

Querían retomarla para devolverle su original lustre: restaurar sus dedos quebrados y renovar su pobre y vetusta vestimenta; engalanarla con un rico atuendo, con la pompa y boato que exige la advocación, como lo merece y requiere la Reina del Cielo, nuestra Madre y Hermana, para que fuera venerada por el pueblo santo de Dios desde donde le corresponde estar: ¡el Altar de las Ánimas en Catedral!

El pasado domingo 14 de agosto de 2016, ese sueño se hizo realidad.

Los trabajos se materializaron gracias a la gestión del Delegado Nacional de los Terciarios Carmelitas, P. Luis Mª Miranda O. Carm., los donativos de la Tercera Orden Carmelita, la restauración de la imagen a cargo de William Ramos y el permiso del rector de la Catedral P. Benjamín Pérez Cruz.

La Hna. Zaida Eleutice tuvo a cargo coser el elaborado hábito carmelita, con ricos motivos que se destacan en hilos, cordones y cintas doradas. Zaida donó a la Virgen las pantallas de perlas colgantes que eran de su mamá, que en paz descanse, para engalanar a la Reina del Cielo. La bella mantilla, bordada en lentejuelas blancas y rosadas, fue un regalo de una viuda que prefirió permanecer en el anonimato. Su peluca fue peinada por el estilista Félix Guzmán con entrega y deleite filial. Y unas coronas especialmente encargadas al Perú recuerdan la realeza de la Madre y su Niño.

Padre Luis le encargó una corona a la Madre y al Niño al Perú – la de la Madre debía tener 12 rayos con pedrería, representando las 12 estrellas de los apóstoles que coronan el escudo de la Orden. Afortunadamente, tres días antes de la magna celebración, llegó el codiciado encargo.

Todo buen puertorriqueño que ame su tierra y su cultura religiosa lleva a la Virgen del Carmen entronizada en su corazón. Desde allí preside, coronada como Madre y Protectora con su Escapulario, que sus hijos siempre llevan colgando del cuello, en señal de pertenencia, porque aleja las tormentas y las insidias del mal y les recuerda la promesa de la Madre, mejor conocida como el privilegio sabatino: quien muera en gracia y con mi escapulario, no perecerá para siempre, y al sábado siguiente de su muerte, le abriré las puertas del Reino de los Cielos.

¡Madre y Hermosura del Carmelo, protectora de Puerto Rico, ruega por nosotros que recurrimos a Vos!