Apuntes a la devoción a la Virgen del Carmen

en San Juan de Puerto Rico
 

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Dr. Miguel Norbert Ubarri, T.Carm.

con la colaboración de:

Arq. Héctor Balvanera Alfaro.

Hª Isabel Cintrón Moscoso, T.Carm.,

Hº Christian Hernández Rosado, T.Carm.,

P. Luis Mª Miranda Rivera O.Carm.,

Sor Blanca Mª Ocasio Rodríguez O.Carm.,

Pbro. P. Benjamín Pérez Cruz,

Prof.ª Else Zayas León.

Es posible que entre los primeros pobladores cristianos de la isla hubiera devotos a la Virgen del Carmen. El culto popular a la Virgen del Carmen en América ya estaba presente con los inmigrantes, que por su condición insular en Puerto Rico supondría una devoción que al parecer permanece en el ámbito doméstico y privado. En el siglo XVI una serie de tallas para la devoción doméstica comienzan a realizarse en el Partido de San Germán, entre cuyos temas marianos principales la Virgen del Monte Carmelo es común. Además, en este siglo hubo dos obispos carmelitas en Puerto Rico: fray Juan Alonso de Solís y Mendoza, O.Carm. (1635-1640/1), y fray Fernando Lobo de Castrillo O. Carm. (1649-1651).[1]

En 1646, una mujer, doña Ana de Lanzós Menéndez de Valdés, de familia noble y acaudalada, viuda del Capitán General Pedro de Villate y Escobedo y sin hijos, obtuvo las licencias para fundar en San Juan el primer monasterio de monjas en Puerto Rico, carmelitas calzadas que guardarían la Regla de la Orden del Carmen, viviendo bajo la advocación de San José como titular del Monasterio.

Es lógico pensar que a partir de su fundación, el Monasterio (actual Hotel El Convento) se convirtiera en foco de devoción a la Virgen del Carmen. En 1647 Diego de Torres Vargas señala que en la iglesia mayor de San Juan había doce cofradías, y que una de éstas era la de Nuestra Señora del Carmen. Aunque no hemos encontrado datos sobre la composición de sus miembros, varias fuentes afirman que recibía sus miembros, sobre todo, de los negros que trabajaban en las llamadas Caletas de San Juan. También se tiene como posible que doña Ana haya pertenecido a dicha Cofradía. Una nota sobre las actas del Cabildo catedralicio de esa época, conservada en el archivo de las Monjas Carmelitas, señala también que el culto litúrgico y actividades de los cofrades se asociara y celebrara en el convento de las monjas.[2]

A finales del siglo XVIII las representaciones de la Virgen del Carmen son un tema recurrente en la obra del Maestro José Campeche y su círculo, según lo demuestran los óleos de algunas de las colecciones como la del Arzobispado de San Juan (Obra de ca. 1775) o las del Instituto de Cultura Puertorriqueña[3] (Provenientes del Convento carmelita de San José). No puede pasarse por alto los abundantes ejemplos en el arte popular, sobre todo en el entorno del Partido de San Germán.

Un inventario que hace la Cofradía al Capellán-Vicario del Monasterio de las Carmelitas, con fecha de 2 de agosto de 1818, confirma no sólo la existencia de dicha asociación de seglares, sino también la estrecha relación con las Monjas Carmelitas. Una nota sobre las actas del Cabildo catedralicio de esa época, conservada en el archivo de las Monjas Carmelitas, señala también que se determinó que el culto litúrgico y actividades de los cofrades se asociaran y celebraran en el convento de las monjas.

En 1863 se recibe una instancia y reglamento en la Secretaría de Gobierno de esta Isla de parte de dos morenos, Santiago Biñón y Miguel Porrata, para establecer en la capilla de la Tercera Orden (debemos presumir que se refieren a la Capilla San Luis Rey de la V.O.T. franciscana) otra hermandad distinta de la Cofradía ya existente. El Gobernador Eclesiástico contesta que no es posible la erección de otra hermandad porque según la Constitución de Clemente VIII de 7 de diciembre del 1604 y varios Decretos de las Sagradas Congregaciones, estaba prohibido que, “en una misma población hubiera más de una hermandad o Cofradía de una misma advocación e instituto, de cuya regla general está exceptuada la confraternidad del Santo Sacramento que deberá erigirse en cuantas parroquias hubiere en la población”.[4]

El 30 de mayo de 1874 fray Juan Ángelo Torrens (o Torrents), fraile exclaustrado que intentaba restaurar la Orden Carmelita desde Palma de Mallorca, siendo Provincial en Mallorca y Vice-regente general en España, emite una carta en la que confirma haber recibido la petición del mayordomo José Ferrer y Más para que la Cofradía del Carmen fuera elevada a Orden Tercera, y concede el título de “Hermanos de nuestra tercera Orden” a todos y cada uno de los cofrades, con “todas las gracias, derechos, indulgencias y privilegios que gozan respectivamente las órdenes terceras de santo Domingo y san Francisco, y cualquiera Orden tercera”. El 27 de octubre de 1877 el Mayordomo de la Cofradía presenta una instancia al obispo Juan Antonio Puig i Monserrat para completar el proceso de aprobación canónica. Al mes siguiente, 15 de noviembre de 1877, el Obispo confirma la recepción de la instancia de Ferrer y Más y la carta de concesión del título del P. Angelo Torrents, confiriendo la aprobación definitiva.

Según la tradición de San Juan, el presidente de una cofradía recibía el nombre de mayordomo, mientras que este cargo pasa a llamarse prior a partir del momento en que su rango canónico se eleva a Venerable Orden Tercera. Entre 1877 y 1888 la asociación cambió su sede a la parroquia San Francisco y también tuvo actos litúrgicos allí. El 14 de agosto de 1888 el prior Bernardo Ferrer le escribe al Obispo para comunicarle que esa noche celebrarán la festividad de la Santa Patrona con Salve solemne, seguido por misa y panegírico el día siguiente. Le pide los honre con su asistencia a esos actos “para mayor lucimiento según lo requiere la Stma. Virgen”. Es evidente que la devoción a Nuestra Señora del Carmen tenía un lugar muy importante en la ciudad. Dos años más tarde, el 2 de agosto de 1890, el prior Manuel Andrades le avisa al obispo de un Santo Novenario a la Virgen del Carmen que tendrá lugar del 5 al 13 de ese mes, Salve el día 14 y misa cantada el día 15.[5]

Era costumbre muy antigua en España celebrar la Virgen del Carmen en la solemnidad de la Asunción, por entender que era el día más señalado de la glorificación de María. Aunque el dogma de la Asunción de María no había sido proclamado aún, la doctrina sobre la dormición de María en Oriente o asunción de María en Occidente se remonta a los primeros siglos del cristianismo. El dogma de la Asunción, proclamando en 1950 por el papa Pío XII, es consecuencia teológica de la Inmaculada Concepción, proclamado dogma en 1848 por el papa Pío IX. Los carmelitas siempre pertenecieron a la facción inmaculista dentro de la Iglesia. Salvo que hubiera otro motivo práctico, la celebración de la Novena y la Fiesta del Carmen en agosto podría interpretarse como un ejercicio de alabanza a María en su día y de compromiso con la doctrina asuncionista.

El grupo existió probablemente hasta el 1918 y la venerable imagen pasó a Catedral. Varios factores pudieron intervenir. En 1917 fue demolida la iglesia del antiguo convento de San Francisco. La capilla contigua, la que hoy se conoce como iglesia San Francisco, pasó a servir como sede parroquial, confiada a los capuchinos de la Provincia de Castilla. El párroco era Fray Antonio Castillo. Luego, en 1929 la parroquia pasó a manos de los capuchinos de la Provincia de Pittsburg, cuyos frailes norteamericanos tenían una sensibilidad distinta y poco afín a la de la piedad popular hispana.[6]

Pero la devoción a la Virgen del Carmen no se borró de los corazones de sus hijos sanjuaneros. En 1946 la Madre Asunción del Sagrado Corazón, priora del Monasterio Carmelita de San José, ubicado en esa fecha junto a la iglesia de San Mateo, en Santurce, solicitó al Sr. obispo de San Juan, Mons. Jaime P. Davis, el permiso para erigir una hermandad de la Orden Tercera del Carmen en la iglesia del Monasterio, comunidad que a los dos años se trasladó a la parroquia Santa Teresita, regentada por los Padres Carmelitas.

La antigua y venerable imagen.

La antigua y venerable imagen de la Virgen del Carmen que durante muchos años ha estado en la Catedral de San Juan ha sido recuperada para su culto y veneración. La iniciativa ha surgido del P. Luis Mª Miranda O.Carm. y la Tercera Orden Carmelita, con el beneplácito del rector de la Catedral P. Benjamín Pérez Cruz.

El próximo 14 de agosto Mons. Roberto O. González Nieves presidirá la misa de coronación litúrgica, procesión y entronización en la Capilla de las Ánimas, en Catedral.

Aunque no hemos encontrado documentación que certifique su procedencia, es probable que la hubiera traído el obispo Pablo Benigno Carrión de Málaga, quien rigió la Diócesis de Puerto Rico entre 1857 y 1871. Durante su episcopado trajo algunas imágenes: como las de San Juan Bautista y Ntra. Sra. de los Remedios para la Catedral, la Virgen de la Dolorosa para el Colegio de Párvulos, la Virgen de las Fiebres para el Seminario[7] y las primeras imágenes de la Virgen de la Providencia para parroquias foráneas como la de S. Germán o la del Convento Carmelita (perteneciente a la Madre Benet)[8], dinámica que indica además de una preferencia por la devoción de imágenes, de bulto y de vestir, una relación con los talleres andaluces y en gran número Cataluña, región ésta última de donde se continuaron importando imágenes de culto, como incluso la propia Virgen del Carmen (1924) del Monasterio de Trujillo Alto.

Una foto en blanco y negro de fin de siglo refleja una comunidad de seglares carmelitas en la capilla de San Luis Rey, con la venerable imagen al fondo. (Esa capilla, contigua a la parroquia San Francisco, tras la desaparición de ésta, en el siglo XX tomó el nombre de la parroquia.) Actualmente no hemos podido determinar la fecha en que la antigua Cofradía cambió su sede a la antigua parroquia San Francisco, pudiendo haber ocurrido en torno a 1877, al elevarse la Cofradía al rango de Orden Tercera. El 22 de octubre de 1888, Bernardo Torres, en calidad de prior y en nombre de algunos hermanos, dirige una petición al obispo Juan Antonio Puig i Monserrat para que reconsidere algunos cargos imputados contra algunos hermanos y hermanas. Menciona que la V.O.T. tenía su sede en “la Iglesia Parroquial del Seráfico Padre San Francisco de Asís”. Cincos días más tarde, el capellán Eulogio García de Caso le dirige otra misiva oficial al obispo, comunicándole la constitución del nuevo gobierno para su ratificación. La carta lleva el sello de la parroquia San Francisco de Asís.[9]

No sabemos si la imagen vestidera fue un encargo de las monjas o de la Cofradía en tiempos del obispo Carrión. Tradicionalmente hay una relación natural de propiedad jurídica entre las imágenes y las respectivas asociaciones que las propagan.[10] El paso de la imagen a la parroquia San Francisco podría deberse al establecimiento en la nueva sede canónica, requiriendo una talla propia para el correspondiente culto, que estando en la iglesia conventual de las carmelitas no había sido necesaria.

En algún momento más tarde esta imagen pasó a Catedral donde ha permanecido hasta hoy. Tras haber sido retocada por el Sr. William Ramos, la imagen será instalada en la Capilla de las Ánimas. Marca un momento importante para la iglesia de Puerto Rico y, de manera particular, para la Arquidiócesis de San Juan. La Virgen del Carmen siempre ha estado en el corazón de los puertorriqueños. De ahora en adelante los devotos de San Juan tendrán la oportunidad de venerar esta antigua y venerable imagen de la Madre de Dios en su advocación del Carmen.

  

  

 Fotografía que publicó Arturo Dávila Rodríguez en un artículo de la revista Puerto Rico Ilustrado.

 


[1] Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo CXCV, Nº III, 1998, 427-430.

[2] Las fuentes documentales utilizadas para realizar este recuento de la V.O.T., hasta 1892, provienen de ocho legajos conservados en el Archivo Conventual de las Carmelitas. Actualmente se encuentran en el Archivo de la Tercera Orden Carmelita, en Santa Teresita (Santurce). También se han utilizado las memorias de P. Tarsicio Mª Gotay Figaredo, O.Carm., que están en vía de publicación.

[3] El óleo sobre madera pintada por Campeche entre los años 1785 y 1809, tiene un tamaño de 7 3/4 pulgadas con 3 3/4 pulgadas. En: “Roban tres obras del ICP. Dos de las piezas eran de José Campeche”, El Nuevo Día, Locales, San Juan, PR, Obtenido el 26 de julio de 2016 de:http://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/robantresobrasdelicp-845872/

[4] Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan, Gobierno, Correspondencia Gob. Ecco., 1807-1864, G-36, Legajo 1860-1863. Véase Fabiola Enríquez, “La Virgen del Carmen en Puerto Rico: Santiago y Miguel (1ª parte )”, 2013, obtenido el 26 de julio de 2016 de https://cieluprm.wordpress.com/2014/02/05/la-virgen-del-carmen-en-puerto-rico-santiago-y-miguel-primera-parte/

[5] Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan, Gobierno, Correspondencia al Obispo, 1889-1, caja G-8.

[6] Alfonso Guzmán Alfaro, Memoria y Profecía. La familia franciscana en Puerto Rico. Publicaciones Gaviota, San Juan 2015, 141-149.

[7] La réplica de la Virgen de las Fiebres en el Seminario de San Juan de Puerto Rico la encarga en Sevilla al escultor Gabriel Astorga el obispo de la ciudad fray Pablo Benigno Carrión de Málaga, según refiere Fray Zeferino González en su Sevilla Mariana… publicada en 1884, 189-190; en: Enrique Arias Anglés, Relaciones artísticas entre España y América, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España, 1990, 90.

[8] Fernando Felices. Apuntes para la historia de la Santa Iglesia Catedral de San Juan Bautista, Lito Camargo, Bogotá, Colombia 2003, 127.

[9] Archivo Histórico Arquidiocesano, Justicia, Correspondencia al Obispo, Leg. 34, Caja G-7, Carta del Párroco D. Eulogio García de Caso al Sr. Obispo, Puerto Rico, 27 de octubre de 1888.

[10] Al parecer de Sor Blanca María Ocasio, O. Carm., en entrevista en el locutorio del Monasterio de S. José, en Trujillo Alto (2016, julio 26), el uso de los objetos de culto era compartido. Pudo ser propiedad de las monjas pero, por la época de la talla, no parece corresponder a la que pudo ser propiedad de las Monjas Carmelitas, quienes al menos ya contaban con la imagen de la Visión de San Alberto, pintada por Campeche (luego vendida al ICP), de carácter claramente devocional pues se conceden indulgencias al rezar ante ella como indica la filacteria a los pies: “El Illmo. Sr. Dr. Juan Alexo de Arizmendi, dignísimo Obispo de Puerto Rico concede quarenta días de Indulgencia a los que resaren devotamente una salve ante esta imagen de Ntra. Señora, año de 1806.” En: Arturo Dávila Rodríguez, “José Campeche y sus hermanos en el Convento de las Carmelitas, Revista del ICP, Núm. 2, 1959, 13.